viernes, 14 de mayo de 2021

Fuga de capitales

Cuando se habla de fuga de capitales no nos estamos refiriendo a esa escena fellinesca existente en el imaginario de la gente (y en gran parte de la militancia también) en la cual Macri, Caputo, Sturzenegger, Dujovne y Sandleris encanutaban los dólares que llegaban del FMI en valijas, al mejor estilo fábula LanatistaLázaroBaezista, y se los llevaban en un jet a Saint Kitts and Nevis para enterrarlos en alguna cueva del pirata Morgan.

A lo que en realidad nos estamos refiriendo es a ese mecanismo por medio del cuál los dólares que el FMI transfería a la cuenta del Tesoro del Estado Nacional, el cual a su vez se los transfería al Banco Central a cambio de pesos, eran usados por el BCRA para satisfacer la demanda de divisas en concepto de atesoramiento por parte de personas y empresas. O sea, el BCRA usaba los dólares que le compraba al Tesoro, para venderlos y satisfacer demanda de dólares por parte de empresas y particulares, los cuales los encanutaban en cajas de seguridad, en el colchón o en cuentas del exterior. Dicho sea de paso, sobre los compradores de divisas hay que fiscalizar, como efectivamente se está haciendo.

Entonces este mecanismo, que es un dislate macroeconómico y una mala praxis de política económica en última instancia, no es delito, porque el Tesoro le entregó los dólares al BCRA, recibiendo pesos y porque el BCRA le entregó los dólares a empresas y particulares, también recibiendo pesos. Esto sin perjuicio de que se hayan cometido delitos e irregularidades administrativas en el proceso de endeudamiento, lo cual está siendo investigado.

En consecuencia el gobierno del compañero Alberto Fernández tiene que hacerse cargo del problema y tiene que tratar de arreglar esa deuda. Y lo está haciendo. Ni hablar de la deuda con el Club de París, cuyo vencimiento opera el 30 de mayo y que tiene que ver con un arreglo y un compromiso firmado por Axel Kiciloff, en nombre del Estado argentino, allá por el 2014. 

Entonces, todo esto justifica la necesidad de estos viajes y de la gestión diplomática llevada a cabo, por más que nos guste batir ese simpático e infantil parche del "no hay que pagar la deuda".

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