El obrero de la construcción (usamos el/la de modo indistinto), el electricista, el plomero, el pocero, el jardinero, el pintor de obras, el cerrajero, el operario metalúrgico, el operario metalmecánico, el operario textil, el operario industrial en general, el trabajador de la alimentación, el playero de estación de servicio, el carnicero, el verdulero, el almacenero, el panadero, el cafetero, el mozo, el vendedor ambulante, el repartidor, el preventista, el comerciante tradicional, el mecánico de autos, el camionero, el chófer de colectivos, el chófer de taxi, el cartero, el trabajador de higiene urbana, el changarín del mercado de abasto (un montón de pibes de nuestros barrios), los trabajadores de casa particular, el peluquero, el veterinario, todo el personal de salud, todo el personal de seguridad y todo el resto de trabajadores y trabajadoras de las 3/4 partes de la población, no pueden trabajar de forma remota.
Entonces, todo el que puede hacerlo, debería hacerlo (con obligación para empleadores) y debería empatizar con quienes (por la características del laburo) no pueden desarrollar sus tareas de ese modo.
¿Y las clases? De forma remota, con una compu y conectividad en cada hogar de la Argentina, al menos hasta que se alcancen importantes guarismos de vacunación.
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