La inflación a lo largo del año 2018 fue del 47,6% y en el 2019 fue del 53,8%, siendo en el acumulado la más alta tasa de inflación bianual de los últimos treinta años.
Es decir, que la Argentina viene en aceleración inflacionaria, y con una fuerte inercia derivada de esa aceleración, atenuada por el freno a a la oferta y la demanda que provocó la pandemia en el 2020, con lo cual la inflación para el año pasado bajó a 36,1%.
En consecuencia, en esta fase de recuperación de la actividad, lo normal es que la inercia de esa aceleración recupere su potencia, más aún teniendo en cuenta las fortísimas tensiones cambiarías que vivimos en los mercados paralelos del dólar en el segundo semestre del año de la peste, tensiones que siguen impactando en términos de formación de precios, teniendo en cuenta esa inercia de la que hablamos en el marco de un proceso inflacionario que en la Argentina es estructural y multicausal.
Todo eso explica que la inflación acumulada a lo largo de los dos primeros meses del 2021 sea de 7,8 puntos, no obstante es de esperar que con un tipo de cambio que va a ir ajustándose por debajo de la inflación y con tarifas de servicios más o menos controladas (dos de los principales precios de la economía, dólar y tarifas, el otro es el salario), la cosa vaya mejorando un poco y la inercia pierda velocidad.
Habrá que ir viendo que pasa.
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